Publicar un libro, un
periódico, una revista, un poemario,constituye sin lugar a dudas una labor
sacrificada desde varios puntos de vista. Pero leer un libro, tiene sus propias
complicaciones, se hace mucho más difícil en un mundo en que la lectura pareciera
reemplazarse con la mirada, los gestos y las imágenes quietas y en movimiento,
antes que la palabra escrita y narrada.
Publicar un libro está
en la misma relación que leer un libro. Publicar un libro es desnudarse ante un
público y leer es mirar el desnudo del autor; por qué digo esto, porque para
quienes hemos tenido la suerte o el atrevimiento de publicar un libro tenemos
nuestras propias complicaciones psicológicas desde el momento de la idea, la
redacción y la imprenta, es como esperar el nacimiento de un hijo o
hija, estoy seguro que don Bladimiro Reyes Barboza ha tenido también esas
vivencias y vibró como los placeres de Eusebio y Lorenzo al publicar
su novela “El Boquerón de la viuda”. Sabemos que estaba preparando
su segunda novela cuando detuvo su respiración y partió muy lejos
del Boquerón.
Pero, hoy estamos
reunidos para homenajear a quien en vida fue un maestro, periodista y escritor
cajatambino de nacimiento, pero huachano de vida. Ser cajatambino -quitándonos
las negatividades- es en lo relevante ser un progresista y que es ser
progresista, es avanzar en forma de espiral ya sea en los estudios, en los negocios,
en el trabajo en todas las actividades pero siempre haciendo algo, nunca
echados.
Ahora, ser un huachano
es ser hospitalario, amable, respetuoso y sobre todo creativo, “amante de la
paz y la pluma”; en ese sentido no hay mejor homenaje a un escritor sino es
comentando su obra.
Al inicio de la novela
no avancé tan rápido pero llegado a la página 39 fue atrapado no por el
Boqueròn sino la narrativa del escritor, es una novela de varios personales
separados en dos grupos como dice el prologista Rolando Vaccari Ortiz. De
un lado Jacinta, Eusebio, el padre Arroniz y Relámpago y de otro lado: Lorenzo,
Cachalote y el brujo Yancunta, pero es que eso es la vida, tristeza y alegría,
vida, muerte Dios y el diablo. Eusebio y Lorenzo; me preguntaba
mientras leía la novela si en este caso se trataba de una autobiografía y si
fuera así cuál de los personajes es Bladimiro, tal vez Eusebio un hombre
sencillo, respetuoso, mesurado, o tal vez Lorenzo un hombre egoísta, quien no
tiene rivales porque acaba con ellos, envidioso o tal vez el padre Arroniz, un
consejero espiritual que ayudó a Jacinta en los momentos más tristes y
desmotivados. Esos momentos que requerimos no solo un abrazo, más que eso una
palabra de aliento o tal vez Yancunta.
La novela termina con
algo trágico, la muerte de Jacinta. Pero, ¿qué decidió para que ella saliera apresurada de la casa, se
colocara el vestido negro y subiera sin pausa el cerro del Boquerón y se
lanzara mientras Relámpago trataba a mordiscones sujetarla del traje lo que no logró
y también cayó al Boquerón? con Jacinta
fueron las palabras hirientes de Lorenzo; y ¿cómo entonces una sola palabra puede producir acciones como la de Jacinta?...
El evento se llevó con
éxito, estuvieron presentes don Narciso Robles Atachagua, Víctor Rivera Arias,
Cesar Reyes Villanueva, Ulises Requejo Armas. Además el poeta Julio Solórzano Murga y desde Venezuela se hizo presente
Aristóteles Requejo Armas con el siguiente poema:
AMOR HUACHANO
Por Aristóteles Requejo Armas
Desde Venezuela.
Casi caigo al Boquerón…
Descalzo y sin frontera
con sed, entre tanta agua.
Casi caigo al Boquerón…
Dulce canto de sirenas
embrujo de bellas huachanas
legendarios campiñeros de “Yancunta”.
Casi caigo al Boquerón…
Ferrocarriles de incansables viajes
ondulantes buques en la playa
empedradas entre calles polvorientas.
Casi caigo al Boquerón…
Lúgubres noches de penumbra
quejidos de aparecidos entre sombras
reflejos de candiles, velas y lamparines.
Casi caigo al Boquerón…
Breve rumor de acequias
suave brisa en las salinas
dulce susurro en el viento.
Casi caigo al Boquerón…
Casi caigo al Boquerón
allí donde piratas y tesoros
sirenas y viudas
…me robaron el corazón…
Allí donde el alma y el canto
donde la nostalgia y el tiempo
donde la brisa y el aliento
encontráronle sentido, al viento…
Es allí corazón…
sobre el cerro Boquerón
donde el murmullo de tu amor
me rompió el corazón…
Agradecemos a toso los asistentes. Está pendiente la publicación
del poema alusivo al evento de Narciso
Roble Atachagua y el acróstico de Víctor Rivera Arias.
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Ulises Requejo y Narciso Robles |
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Bibliografía cajatambina |
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Poeta y escritos Julio Solórzano |